domingo, 10 de enero de 2010

Giorgio Armanisaurus

La tienda Giorgio Armani de la Diagonal tiene toda la pinta de ir a cerrar. Desde hace ya bastante se anunciaban (con un simple cartelito colocado en el escaparate, sólo visible de cerca) descuentos en el interior, ese eufemismo de las grandes firmas que significa, simple y llanamente, rebajas. Un 40% que ahora, temporada de rebajas reales everywhere, ha pasado a ser un 60. En el interior de la tienda, amplísima y del estilo "bunker de lujo" que caracteriza a las sucursales de la firma, percheros llenos de prendas, contados accesorios y sensación de lo que es, una liquidación de stock previa al cierre. ¿Cierre definitivo o temporal? ¿Cambio de ubicación de la boutique o marcha atrás de la firma en Barcelona? La víctima más clara de la expansión del imperio Armani ha sido precisamente su colección madre, la que lleva el nombre del genio. Porque es un genio, eso está claro. O lo fue, y ahora es un genio que se ha quedado atrás y ha sabido segmentar mal el negocio, o lo ha hecho mal, o demasiado, o demasiado poco. Armani ha cubierto todo el abanico, de productos y precios, y con ello ha perdido su esencia como totalidad. El espíritu Armani, el de la calidad, la discreción y, por qué no decirlo, la sosería elegante, siempre ha estado en Giorgio, pero las líneas "inferiores" (Emporio, Jeans, A/X...), enfocadas hacia targets bien distintos, la han devaluado. Y aunque nunca se bajó de sus pretensiones, ni de sus precios, Giorgio Armani, la marca, hace años que perdió presencia. El imperio incluso se extendió hacia arriba, hacia la alta costura que el propio Giorgio criticó tanto, con Armani Privé, que no consiguió demasiado reapuntalar la imagen de la firma y, por el contrario, la vació de contenido aún más. Necesitada de una intervención radical y revolucionaria (atreverse con una calendario de presentaciones propio, al margen de las temporadas establecidas, colocar a un personaje tipo Tom Ford dirigiendo la casa -aunque me da que él y mister Armani no se soportan- o replegarse sobre sí misma para después renacer), esta compañía gigantesca ha ido cediendo terreno en todos y cada uno de sus segmentos, hasta dejar de ser la número uno que en su día fue. Los desfiles y campañas de Armani (de ninguno de los armanis existentes) ya no son los que primero se analizan, ni sus propuestas las que más seguidores tienen. La famosa "elegancia Armani", con los años se ha convertido en inanidad beige e insulsez gris perla. Un dinosaurio que no sabemos si está muy bien domesticado, muy dormido o muy muerto.



sábado, 9 de enero de 2010

eres pc, eres mac


O eres de Pc o eres de Mac. Qué tópico y qué gran verdad. Yo soy un poco de Pc y un mucho de Mac. ¿Eso se puede? Pero desde ayer soy un poquito más de Mac. Da gusto cambiar así de ordenador, teniendo una gama amplia pero acotada, sabiendo cuando estás subiendo en la pirámide (de iBook a PowerBook, de 21 pulgadas a 27...) y cuando sólo te actualizas. En cambio, con los PC es todo un mundo de especificaciones, fabricantes, configuraciones y opciones. Como si el 99% de la humanidad supiera de qué le habla el que le intenta vender el trasto. Es más: como si el vendedor en cuestión supiera de qué está hablando él mismo. Con Mac eso también pasa, pero menos, porque los maquícolas nos dejamos secuestrar sin oponer resistencia, nos plegamos a las exigencias de un universo blanquito y con manzana que nos obliga a cumplir algunas reglas absurdas pero que a cambio nos premia con facilidades, rapideces y estéticas.


viernes, 8 de enero de 2010

(almost) death of a salesman


Menos mal que está Woody para ayudarnos a terminar el día relajados. Y gracias al libro de Eric Lax, durante unas cuantas noches. Pero no todos los días serán tan duros como ayer, primer día de rebajas, y primera vez que yo lo vivo. Mi flexibilísima jornada laboral actual, mi recién estrenada actitud de ahorro y mi hambre de chollo me lanzaron a las calles lluviosas de Barcelona con una lista de la compra rebajera. Cinco únicos ítems, tres camisas, una chaqueta y una sudadera, de los que sólo conseguí tres, las camisas de Furest, esa tienda imprescindible y rancia a la vez. En rebajas es la guerra, pero quien la sigue la consigue y, como en cuestión de camisas básicas y sin más historias Furest es imbatible, aguanté empujones, colas y paraguazos (yo también di alguno) para hacerme con ellas, con un descuento no escandaloso pero sí goloso. Lo de aquellas rebajas que empezaban en el 20% de descuento y poco a poco iban subiendo
(quiero decir, bajado) es ya historia, y mas en este año de crisis, stocks acumulados y facturación raquítica. Los 50% son los protagonistas ahora, en cartelones gigantescos en las tiendas más democráticas o en letreros finísimos, semiocultos en el escaparate en las más caras. Ésas que, sin embargo, llevan ya unos cuantos días (si no semanas) aplicando ya descuentos importantes en sus artículos, incolocables de aquí a un par de meses, cuando llegue el calor y nadie los quiera. Algo me dice que los outlets van a estar a rebosar para entonces, aunque vete tú a saber quien va a querer un abrigo de Margiela con un 80% de descuento en marzo, cuando la ola de frío haya dado lugar a otra de calor, y estemos ya todos circulando por la calle en bermudas y camiseta.

miércoles, 6 de enero de 2010

queridos reyes magos

Los reyes magos (que, como todos sabemos, son tres, y se llaman Amazon, Ebay y Yoox) me han traído esto.



Ellos saben que soy fetichista de los libros y de Prada, entre otras muchas cosas, así que no lo han dudado a la hora de elegir mi regalo. Un libro precioso, tan soberbio (en todas sus acepciones) como la empresa a la que está dedicado. Una buena combinación de edición clásica y ultramoderda. Aunque se echan de menos algunas imágenes y mas texto (una entrevista en condiciones a Miuccia y/o Patricio, por ejemplo), las partes dedicadas a las tiendas o los desfiles de la firma son estupendas. Así que hoy, que es a la vez reyes y día de reflexión pre rebajero lo dedicaré a hojearlo con cuidado y placer, a ver si así consigo quitarme de la cabeza otro fetiche, también suyo, que llevo deseando absurdamente desde que lo vi por primera vez fotografiado en alguna web. Dos veces los he tenido en las manos y dos veces les he dicho que no. Porque ni los necesito ni valen para nada, pero ¿acaso necesitamos algo realmente? ¿Y cuántas de las cosas que tenemos no valen para nada? Bueno, dejémoslo por hoy, que mañana será otro día. Y serán otros precios.


martes, 5 de enero de 2010

uneix-te al DIR!

Mi racanería, para depende que, no tiene límites. Una de las cosas que más me duelen es la cuota mensual del gimnasio. Al final, da lo mismo cuanto gastes en gimnasio, porque lo que marca al diferencia es si vas o no vas y si, cuando vas, haces o no haces. Que te den toallitas, que en las duchas haya gel o que la sala de pesas esté llena de latinas embutidas en lycras imposibles, porteros de discoteca, adolescentes flipados o señores de cincuentaytantos con la tripa gorda y las pantorillas finas y peladas (el famoso "efecto gallina") es lo de menos. Ésos son solo pequeños detalles que, sin embargo, a la hora de pasar por caja, cuentan. Engrosan la factura mensual, pero no hacen más fácil perder kilos de grasa o ganarlos de músculo. La pereza que me está dando ir de gimnasio en gimnasio en esta ciudad es directamente proporcional a lo absurdo de este toura en sí mismo. Lo que sí tengo claro es que me vale cualquiera menos los famosos DIR, esa cadena de gimnasios que es también secta y bastión de la catalanidad más rancia. Que manera paleta y torticera de entender las cosas. No me quiero ni imaginar un equivalente del DIR en Sevilla (caseta propia en la Feria, botellitas de fino en la máquina de refrescos, clases de cardio-sevillanas y soleá-yoga...) o en Valencia (dorados everywhere, concursos internos de falleras, paella-dance, lladró-cycling...). Es un sitio triste. Y caro. Y trapero. Y con ínfulas. Aún así, es el gimnasio "por defecto" de esta ciudad y todo el mundo parece estar de acuerdo en que lo siga siendo.

lunes, 4 de enero de 2010

pija/marica que

"Curso de personal shopper". Eso ponía en la caja que llevaba el mensajero que llamaba a un portal del Eixample esta tarde. El paquete era una caja negra, del tamaño de un pack de seis cartones de leche, más o menos. ¿Qué habría dentro?
No es que no me crea la profesión de "personal shopper". Es más, me creo cualquier neo-profesión del sector servicios, sobre todo si empieza por "personal". Lo del (personal) trainer sigue siendo (y posiblemente nunca dejará de ser) lo más snob del mundo, y podríamos decir que yo tengo uno, así que mejor me callo. Pero lo de que alguien te asesore en tus compras es algo que comprendo peor. Quizá es porque yo no lo necesito, o eso creo. Lo cierto es que hay muchas profesiones que podrían redenominarse como "pija/marica que + x", es decir "pija/marica que te ayuda a comprar", "pija/marica que te dice qué ponerte", "pija/marica que te decora/destroza la casa" y que en cierto modo denigran a las profesiones a las que realmente parasitan/parasitan. Hay estilistas y pijas/maricas que van de estilistas, decoradores y pijas/maricas que van de decoradores, etc etc. Si encima han hecho un curso por correspondencia, no hay quien les tosa, supongo. No he tenido el gusto de verme en una discusión al respecto con ninguna pija/marica que. Mataría por saber qué coño había en esa caja.



domingo, 3 de enero de 2010

spafóbico

Lo de relajarse no haciendo nada no va conmigo. A mí no hacer nada me pone nervioso, muy nervioso. Así que imaginaos cómo es mi relación con los spas: cuanto más lejos, mejor. Nos habían invitado a una noche en el Le Meridien Ra Beach de El Vendrell, pero yo lo del spa (que iba incluído en la invitación), como que no. Mejor un gin tonic en el bar, leyendo el FT Weekend. Mucho más relajante, dónde va a parar. Eso sí, tanto la cena como el desayuno, ambos de bufé, eran fabulosos. Un buen finale antes de la dieta rigurosa que he empezado hoy mismo. Un colofón de queso con fuegos artificiales de pastelitos y traca de panecillos con mantequilla. Y bacon, siempre bacon, eso no puede faltar en cualquier desayuno maximalista de hotel que se precie. Extraño haber pasado por tres hoteles de lujo en las últimas dos semanas, justo ahora que gastar dinero (y mucho) es lo último que debería estar haciendo. Por ahora me he quitado del coleccionismo (pues esa es la palabra) de zapatillas, que ya es algo. Lo de las zapatillas es una religión para muchos, eso es innegable. Y dentro de esa religión, mi secta, la de los adictos (pues esa es la palabra) a New Balance es quizá la peor secta. También estoy en proceso de desintoxicación de eso, e intentaré controlarme para no adquirir un (otro) par de New Balance 577 de edición limitada, diseñadas esta vez por la tienda berlinesa Overkill. No están mal, pero quizá se parecen demasiado a las Nike Air Maxim, ese modelo supuestamente revolucionario pero que me da la sensación de que no se ha vendido demasiado bien. Yo las compré rebajadas, cuando no era tiempo (ni mucho menos) de rebajas, y en la misma tienda Nike de Paseo de Gracia. A mi entrenador de PowerPlate (lujo que, por cierto, voy a tardar un mes más en quitarme) le encantan. Igual es por eso por lo que me mete esas palizas sobre la maquinita de marras, porque quiere heredar las Nike. Tiene sentido, ¿no?