lunes, 12 de abril de 2010

vicioshoe

Hace tiempo que lo mío con el calzado dejó de ser afición. Ahora podríamos decir que es "coleccionismo" (opción positiva), "obsesión" (opción menos positiva) o, directamente "enfermedad". Al menos no tengo a zapatos y zapatillas (y botas, no olvidemos nunca a las botas) en mi catálogo de parafilias sexuales. Sólo me falta eso. Que a mi edad (recién estrenada, por cierto) siga poniendo los ojos en blanco ante unas zapatillas de Lanvin (absurdamente lujosas, una herejía ponérselas, todo el concepto es absurdo) o unas botas de Undercover, quizá es síntoma de que necesito ayuda. Pero como (casi) todas las adicciones, si la sabes cuidar, si la sabes llevar, si la controlas tú a ella antes de que ella te controle a ti, te proporciona una felicidad y un placer que sólo otros adictos entienden. A algunos les parecerá que machacarme en el gimnasio calzado con las Ribcage de Puma-Mcqueen es una herejía. Otros no sabrán ni de la existencia de tal objeto. Es como llevar un tatuaje enorme en alguna parte de tu piel habitualmente cubierta. Con que lo sepas tú y lo disfrutes tú es suficiente.


lunes, 5 de abril de 2010

¿más guapo en persona?

"En persona es mucho más guapo" es lo que se dice de algunas personas que normalmente sólo vemos en la tele o el cine. "En la web tenías mejor pinta", posible actualización-derivación de esta frase, se podría aplicar muy bien a los productos de American Apparel. En su web es todo tan apetecible, tan sexy, tan necesario, tan innecesario pero deseable… En la realidad, sin embargo, los productos AA tienen una calidad que deja mucho que desear y se venden en unas tiendas que, a menos que seas realmente fanático del ambiente de mierdero low-cost de las tiendas de ropa de segunda mano, tiran para atrás. ¿Prendas básicas? Sí, pero no más (ni desde luego, mejores) que las que se pueden encontrar en otras cadenas similares. ¿Precios ajustados? En absoluto, y mucho menos si consideramos la relación calidad-precio. ¿Producción más ética y ecológica? Peliagudo asunto, siempre bajo sospecha. Si no fuese porque soy adicto a esta camiseta-polo (tanto que no me duele nada pagar los –absolutamente injustificados- 32 euros que cuesta) jamás pisaría una de estas tiendas horrorosas y sobrevaloradísimas. De hecho, dado que lo único que me interesa de ahí se vende online en un ventajoso pack de tres, no lo hago. Prefiero quedarme con las falsas promesas de su web.

(NOTA: no, ése no soy yo. Por suerte)

jueves, 1 de abril de 2010

de divas y parodias

Tiene huevos que ahora Scott Schuman se enrabiete al ver que a su Sartorialist le salen imitadores y parodias. Son éstas últimas, y concrétamente ésta, las que le han sacado de sus elegantes (y cada vez más snobs y pretenciosas) casillas. Ser parodiado es sinónimo de haberlo logrado, y no aceptarlo con naturalidad y buen humor, de no merecer ese éxito. Está claro que el blog de Schuman, pese a que sigue siendo un básico, está cada vez más acartonado y, una vez que se ha creado su propio mundo, compuesto de bufandas, abrigazos y estilistas anoréxicas de Vogue, ha decidido no salir de él. Aburguesarse y mirarse demasiado al espejo supongo que es una de las varias posibilidades de evolución natural que tenía el proyecto. Supongo también que la conversión del pequeñajo Schuman en diva airada estaba también dentro de lo esperable.


martes, 30 de marzo de 2010

Perfecta Olivia

'A single man' no es una película perfecta, desde luego, pero estaremos de acuerdo en que estéticamente es intachable. Quizá demasiado. Lo cierto es que todo lo que hace Tom Ford tiene un halo de perfeccionismo excesivo y al borde de la incomodidad. Excepto en la maravillosa escena del baile, a Colin Firth y Julianne Moore se les ve casi constreñidos por la belleza y el buen gusto de todos y cada uno de los fotogramas de 'A sinle man'. Esto no le ocurre a Olivia Williams en la recién estrenada 'El escritor' de Polanski. Es ésta otra película que supura estilo y elegancia, pero de una manera mucho menos relamida, más dura, más real, y a la vez más inalcanzable. Todo en ella es exquisito, y aún asi la Williams sobresale, con su aire sobrio y duro, hiperfemenino y masculinizado al tiempo. Una mezcla de elegancia clásica británica y vanguardia belga, en las antípodas de la muñeca corporativa Chanel-Escada que interpreta Kim Cattrall en la película. 'El escritor' podría haber estado dirigida por Hitchcock. Él habría escogido también al tamden Olivia-Kim para interpretar estos dos polos (polos opuestos, polo norte y polo sur, gélidos ambos) femeninos de la película. Pero él se habría quedado con Kim, mientras que Polanski, igual que yo, apuesta sin dudarlo por la mucho más interesante Olivia.





viernes, 26 de marzo de 2010

Quality time


El otro día descubrí que soy diez años mayor que la mayoría de mis compañeros de clase. O lo descubrieron ellos. Yo ya sabía que era de los más mayores, pero no que fuese EL MÁS mayor. No imaginaba que ellos fuesen tan jóvenes. Ellos tampoco pensaban que yo fuese “tan mayor”. Palabras literales y dolorosas. ¿Será verdad o sólo una maniobra diplomática? Hay un punto, entre los treinta y los cuarenta, en el que parecer más mayor ya no mola. Pero intentar quitarse años desesperadamente es aún peor, completamente patético. Es el momento de pensárselo dos veces antes de tomar decisiones patéticas, y salir a la calle enseñando la goma de los calzoncillos. Dentro de un par de semanas es mi cumpleaños. Espero que nadie me regale unos calzoncillos cuya goma pretenden que enseñe. Que vayan a The Outpost y me compren cualquier cosa. Lo que sea, si es de allí, me va a gustar. ¿Una bolsa de Want Les Essentiels de la vie? Perfecto. ¿Unas gafas de Raf Simons? Mejor aún. Es lo bueno de cumplir treinta y tantos, que aprecias ese tipo de cosas en las que calidad prima por encima de todo lo demás. ¿Lo malo? Que la calidad se paga cara. Yque al año que viene serán treinta y tantos y uno más.

domingo, 21 de marzo de 2010

quiero y no puedo

¿Es cierto eso de que los pañuelos de Alexander McQueen, esos ya clásicos estampados con calaveras, se cotizan de segunda mano a muchas veces su precio de venta habitual? Mmmmm, en el escaparate de Jean-Pierre Bua tienen alguno, quizá comprarlos para luego revenderlos sea hacer un buen negocio... De hecho, hasta hace bien poco tenían también una estupenda bufanda "calaverada" que estuve a punto de comprar. No lo hice, primero, porque el calaverismo, por muy McQueen que sea no es mi estilo y, segundo, porque he intentado no ser, en la medida de lo posible, consumidor aspiracional, ni pretender disfrazarlo de otra cosa. Tarea difícil. La moda, y más a esos niveles, y más para los que no nadamos en millones, es aspiración pura. Ganas de ser parte del mundo de Balenciaga, de Prada o de Coco (Chanel, o Rocha, lo mismo da), a través de ítems que nos permiten franquear, o creer que franqueamos, aunque sea en sueños, la barrera entre nuestra realidad y otra más perfecta, más acorde a lo que queremos ser y tener, no a lo que somos y tenemos. ¿Un pañuelo de McQueen te da acceso a ese otro mundo? ¿Y unos simples calcetines firmados por Rick Owens? ¿Hasta que punto es lícito este juego de quiero y no puedo? ¿Es divertido o simplemente frustrante, incluso patético? Y, lo que es más imporntante ¿puede uno decidir cuando quiere jugar y cuándo no?


jueves, 18 de marzo de 2010

vivo en Barcelona


Por no tener, no he tenido ni período de adaptación a Barcelona. Tras años viviendo un 20% del tiempo aquí y el 80% restante en Madrid, invertir las proporciones no ha sido traumático. Nuevas rutinas, nuevos horarios, nueva tintorería (no os riáis: es importante) y nuevo casi todo. O semi-nuevo, más bien. Nuevo al 60%, el que va del 20% al 80%. Yo me entiendo. Echo de menos mi parque madrileño, y a mi entrenador David, pero ya le empiezo a coger el gusto a mis vueltas corriendo a la Escuela Industrial o que del vestuario a la piscina haya que subir escaleras, y no bajarlas. El primer día las subí, y aparecí en una oficina, en bañador y con el gorrito puesto. Y me he acostumbrado más rápido de lo que creía a este ordenador tan pequeñito, aún más que mi querido (y un poco celoso ahora mismo) iBook. Quizá no diga jamás “vivo en Barcelona”, mientras ese 20% de vida Madrileña siga existiendo. El primer fin de semana en Madrid de esta nueva etapa ha sido raro, lo reconozco. Como lo es hacer planes en Barcelona en día de diario, o madrugar o no tener que darle indicaciones al taxista que me lleva a casa.