lunes, 12 de abril de 2010

vicioshoe

Hace tiempo que lo mío con el calzado dejó de ser afición. Ahora podríamos decir que es "coleccionismo" (opción positiva), "obsesión" (opción menos positiva) o, directamente "enfermedad". Al menos no tengo a zapatos y zapatillas (y botas, no olvidemos nunca a las botas) en mi catálogo de parafilias sexuales. Sólo me falta eso. Que a mi edad (recién estrenada, por cierto) siga poniendo los ojos en blanco ante unas zapatillas de Lanvin (absurdamente lujosas, una herejía ponérselas, todo el concepto es absurdo) o unas botas de Undercover, quizá es síntoma de que necesito ayuda. Pero como (casi) todas las adicciones, si la sabes cuidar, si la sabes llevar, si la controlas tú a ella antes de que ella te controle a ti, te proporciona una felicidad y un placer que sólo otros adictos entienden. A algunos les parecerá que machacarme en el gimnasio calzado con las Ribcage de Puma-Mcqueen es una herejía. Otros no sabrán ni de la existencia de tal objeto. Es como llevar un tatuaje enorme en alguna parte de tu piel habitualmente cubierta. Con que lo sepas tú y lo disfrutes tú es suficiente.


1 comentario:

Anónimo dijo...

La shoe addition no es una pasión ligera. Te atrapa con fuerza y secuestra tu voluntad y sentido común. El zapato como objeto de deseo (y deseo nunca saciado) es una de las cosas más curiosas que existen.